sábado, 11 de junio de 2011

Exilio de Jamaica de Simon Bolivar

Simón Bolivar 
El Libertador se fue a Nueva Granada por un segundo exilio, después se va a la colonia británica de Jamaica en mayo de 1815.          
Entretanto, una poderosa armada y un ejército aguerrido, bajo el mando del general Pablo Morillo, desembarcaba en Venezuela. La causa de la independencia parecía perdida.
Bolívar se quedó en Jamaica hasta diciembre de 1815. Después de haber escapado milagrosamente a una tentativa de asesinato en Kingston, se fue a Haití donde recibió la generosa ayuda del presidente Alejandro Petion. Gracias a él, su expedición logró alcanzar Margarita, después Capurano y Ocumare de la Costa. Allá decretó la emancipación de los esclavos, convencido de que un país que combate por la libertad no podía albergar en su seno el cáncer social de la esclavitud.
Carta a Jamaica que Simón Bolívar firma en 1815, se pública en inglés en 1818 en el Jamaican Quaterly and Liberty Gazette, se pública en español 1833en el tomo XII de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza, se ha tomado como documento importante para la independencia ya que señala el proyecto de autonomía política y social de Hispanoamérica.

Bolívar describe su exilio voluntario en Jamaica el 6 de septiembre de 1815, difícil momento para el Libertador porque los españoles le habían derrotado.
No era invitado a esa isla y no era bien visto, la carta está dirigida a Henry Cullen interesado en los acontecimientos que sacudían a América.
Esta carta fue denominada como: la Primera proclama de la Revolución, el acta de independencia de la América Española. Se describe también como el manifiesto más representativo de las ideas liberales y como uno de los más esclarecedores y profundos alegatos acerca de nuestra identidad.
En esta misiva se evalúan aspectos demográficos y sociales del continente americano. Para mantener su dominación sobre aquella población, la Corona española poseía escasos hombres y recursos. Luego del posible desmembramiento de las colonias españolas en América surge la cuestión de pensar su posible futuro político. Luego de desmembrarse, el imperio romano se transformó en el conjunto de nacionalidades que le siguieron. Y al derrumbarse el Estado hispano sobre la geografía americana, surgen las condiciones para proyectar el sueño político de una gran América: Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse; no es posible, porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes, dividen a la América.
 El libertador sitúa entonces su pensamiento en un circunstancia histórica: en los momentos cruciales de extinción de viejas estructuras culturales, es necesario la creación de una nueva civilización. La historia expone múltiple escenarios de destrucción de lo antiguo y el desafío que implica la construcción de una nueva civilización.
Como a Humboldt, una de las cosas que más preocupaban a Bolívar era la desigualdad que se heredaba de la Colonia. En casi todos los países los pueblos indígenas habían sido despojados de su tradición, de su conciencia de estar en el centro de un mundo, de su dignidad, y apresuradamente convertidos en adoradores de un orden mental en el que jamás serían vistos en condiciones de igualdad. Por su tremenda arrogancia, la corona, los negociantes y la Iglesia estaban dispuestos a tener súbditos, a tener siervos y a tener fieles, pero no a permitir que se diera aquí un proceso de dignificación de seres humanos, y menos aún de exaltación de seres libres, capaces de criterio y de juicio.






Interpretación de la Carta a Jamaica

La  “Carta de Jamaica”, documento histórico que condensa el que habría de ser el programa político y estratégico de la acción libertadora de Simón Bolívar, es una misiva redactada con el propósito de dar respuesta a una comunicación dirigida a Bolívar por un corresponsal inglés, Henry Cullen, y está fechada en Kingston, el 6 de septiembre de 1815. En este documento Bolívar alcanzó altos niveles de visión política, resultado de su esfuerzo por situar la lucha por la independencia de Venezuela en una perspectiva americana y mundial; allí expuso la más acabada y viable teoría de la independencia de América y de su desarrollo socio-político que se hubiera formulado hasta entonces.

“Sensible como debo, al interés que usted ha querido tomar por la suerte de mi patria, afligiéndose con ella por los tormentos que padece, desde su descubrimiento hasta estos últimos períodos, por parte de sus destructores los españoles, no siento menos el comprometimiento en que me ponen las solícitas demandas que usted me hace, sobre los objetos más importantes de la política americana. Así, me encuentro en un conflicto, entre el deseo de corresponder a la confianza con que usted me favorece, y el impedimento de satisfacerle, tanto por la falta de documentos y de libros, cuanto por los limitados conocimientos que poseo de un país tan inmenso, variado y desconocido como el Nuevo Mundo. En mi opinión es imposible responder a las preguntas con que usted me ha honrado. El mismo barón de Humboldt, con su universalidad de conocimientos teóricos y prácticos, apenas lo haría con exactitud, porque aunque una parte de la estadística y revolución de América es conocida, me atrevo a asegurar que la mayor está cubierta de tinieblas y, por consecuencia, sólo se pueden ofrecer conjeturas más o menos aproximadas, sobre todo en lo relativo a la suerte futura, y a los verdaderos proyectos de los americanos; pues cuantas combinaciones suministra la historia de las naciones, de otras tantas es susceptible la nuestra por sus posiciones físicas, por las vicisitudes de la guerra, y por los cálculos de la política”.

En éste extracto de la Carta a Jamaica se aprecia que Bolívar está respondiendo a algún documento anterior, poniendo de manifiesto la inconformidad en la que se encuentra ya que a pesar de lo que ha luchado y aprendido hasta ese punto de la historia no logra su cometido y no ve si hay o no solución a lo que sucede y si esto lo llevará a libertar a la patria del yugo español,

“Como me conceptúo obligado a prestar atención a la apreciable carta de usted, no menos que a sus filantrópicas miras, me animo a dirigir estas líneas, en las cuales ciertamente no hallará usted las ideas luminosas que desea, mas sí las ingenuas expresiones de mis pensamientos.
«Tres siglos ha —dice usted— que empezaron las barbaridades que los españoles cometieron en el grande hemisferio de Colón». Barbaridades que la presente edad ha rechazado como fabulosas, porque parecen superiores a la perversidad humana; y jamás serían creídas por los críticos modernos, si constantes y repetidos documentos no testificasen estas infaustas verdades. El filantrópico obispo de Chiapa, el apóstol de la América, Las Casas, ha dejado a la posteridad una breve relación de ellas, extractada de las sumarias que siguieron en Sevilla a los conquistadores, con el testimonio de cuantas personas respetables había entonces en el Nuevo Mundo, y con los procesos mismos que los tiranos se hicieron entre sí: como consta por los más sublimes historiadores de aquel tiempo. Todos los imparciales han hecho justicia al celo, verdad y virtudes de aquel amigo de la humanidad, que con tanto fervor y firmeza denunció ante su gobierno y contemporáneos los actos más horrorosos de un frenesí sanguinario.”

En éste fragmento expone que aun siendo quien es y habiendo visto los horrores de la guerra y la traición no logra entender porque los latinoamericanos permiten tal humillación y en vez de luchar por libertad prefieren continuar esclavizados, trata de entender que después de tantas demostraciones de injusticia no es posible seguir sumisos e indiferentes, que es necesario enfrentar y ser unísonos a hacerlo, alaba la obra de El misionero Las Casas haciendo ver que éste era uno de los que hacían lo correcto para alentar a los americanos a no seguir cayados soportando y hacerse respetar en cualquier ámbito de su vida.

“Con cuánta emoción de gratitud leo el pasaje de la carta de usted en que me dice «que espera que los sucesos que siguieron entonces a las armas españolas, acompañen ahora a las de sus contrarios, los muy oprimidos americanos meridionales». Yo tomo esta esperanza por una predicción, si la justicia decide las contiendas de los hombres. El suceso coronará nuestros esfuerzos; porque el destino de América se ha fijado irrevocablemente: el lazo que la unía a España está cortado: la opinión era toda su fuerza; por ella se estrechaban mutuamente las partes de aquella inmensa monarquía; lo que antes las enlazaba ya las divide; más grande es el odio que nos ha inspirado la Península que el mar que nos separa de ella; menos difícil es unir los dos continentes, que reconciliar los espíritus de ambos países. El hábito a la obediencia; un comercio de intereses, de luces, de religión; una recíproca benevolencia; una tierna solicitud por la cuna y la gloria de nuestros padres; en fin, todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España. De aquí nacía un principio de adhesión que parecía eterno; no obstante que la inconducta de nuestros dominadores relajaba esta simpatía; o, por mejor decir, este apego forzado por el imperio de la dominación. Al presente sucede lo contrario; la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, nos amenaza y tememos: todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra. El velo se ha rasgado y hemos visto la luz y se nos quiere volver a las tinieblas: se han roto las cadenas; ya hemos sido libres, y nuestros enemigos pretenden de nuevo esclavizarnos. Por lo tanto, América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria. Porque los sucesos hayan sido parciales y alternados, no debemos desconfiar de la fortuna. En unas partes triunfan los in dependientes, mientras que los tiranos en lugares diferentes, obtienen sus ventajas, y ¿cuál es el resultado final? ¿No está el Nuevo Mundo entero, conmovido y armado para su defensa? Echemos una ojeada y observaremos una lucha simultánea en la misma extensión de este hemisferio”.

Aquí expresa admiración por la persona que le escribió y lo apoya  con vehemencia, aupando que si todos hacemos lo mismo se puede llegar a liberar del opresor,  que en ese momento no hay reconciliación posible entre  la monarquía y el oprimido.
“El belicoso estado de las provincias del Río de la Plata ha purgado su territorio y conducido sus armas vencedoras al Alto Perú, conmoviendo a Arequipa, e inquietado a los realistas de Lima. Cerca de un millón de habitantes disfruta allí de su libertad. El reino de Chile, poblado de ochocientas mil almas, está lidian do contra sus enemigos que pretenden dominarlo; pero en vano, porque los que antes pusieron un término a sus conquistas, los indómitos y libres araucanos, son sus vecinos y compatriotas; y su ejemplo sublime es suficiente para probarles, que el pueblo que ama su independencia, por fin la logra. El virreinato del Perú, cuya población asciende a millón y medio de habitantes, es, sin duda, el más sumiso y al que más sacrificios se le han arrancado para la causa del rey, y bien que sean vanas las relaciones concernientes a aquella porción de América, es indubitable que ni está tranquila, ni es capaz de oponerse al torrente que amenaza a las más de sus provincias. La Nueva Granada que es, por decirlo así, el corazón de la América, obedece a un gobierno general, exceptuando el reino de Quito que con la mayor dificultad contienen sus enemigos, por ser fuertemente adicto a la causa de su patria; y las provincias de Panamá y Santa Marta que sufren, no sin dolor, la tiranía de sus señores. Dos millones y medio de habitantes están esparcidos en aquel territorio que actualmente defienden contra el ejército español bajo el general Morillo, que es verosímil sucumba delante de la inexpugnable plaza de Cartagena. Mas si la tomare será a costa de grandes pérdidas, y desde luego carecerá de fuerzas bastantes para subyugar a los morigeros y bravos moradores del interior. En cuanto a la heroica y desdichada Venezuela sus acontecimientos han sido tan rápidos y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia a una soledad espantosa; no obstante que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de América. Sus tiranos gobiernan un desierto, y sólo oprimen a tristes restos que, escapados de la muerte, alimentan una precaria existencia; algunas mujeres, niños y ancianos son los que quedan. Los más de los hombres han perecido por no ser esclavos, y los que viven, combaten con furor, en los campos y en los pueblos internos hasta expirar o arrojar al mar a los que insaciables de sangre y de crímenes, rivalizan con los primeros monstruos que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva. Cerca de un millón de habitantes se contaba en Venezuela y sin exageración se puede conjeturar que una cuarta parte ha sido sacrificada por la tierra, la espada, el hambre, la peste, las peregrinaciones; excepto el terremoto, todos resultados de la guerra”.

Compara la lucha de las regiones  suramericanas describiendo cuan importantes, fogosas y productivas han sido para otras naciones y lamenta lo que sucede en Venezuela que para él no es lo que debía ser, continua elogiando y haciendo ver como en el resto de las naciones americanas que se enfrentaron a sus opresores han logrado libertad.

“Seguramente la unión es la que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración. Sin embargo, nuestra división no es extraña, porque tal es el distintivo de las guerras civiles formadas generalmente entre dos partidos: conservadores y reformadores. Los primeros son, por lo común, más numerosos, porque el imperio de la costumbre produce el efecto de la obediencia a las potestades establecidas; los últimos son siempre menos numerosos aunque más vehementes e ilustrados. De este modo la masa física se equilibra con la fuerza moral, y la contienda se prolonga, siendo sus resultados muy inciertos. Por fortuna entre nosotros, la masa ha seguido a la inteligencia.
Yo diré a usted lo que puede ponernos en aptitud de expulsar a los españoles, y de fundar un gobierno libre. Es la unión, ciertamente; mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. América está encontrada entre sí, porque se halla abandonada de todas las naciones, aislada en medio del universo, sin relaciones diplomáticas ni auxilios militares y combatida por España que posee más elementos para la guerra, que cuantos furtivamente podemos adquirir. Cuando los sucesos no están asegurados, cuando el Estado es débil, y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan; las opiniones se dividen, las pasiones las agitan y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio. Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria; entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades a que está destinada la América meridional; entonces las ciencias y las artes que nacieron en el Oriente y han ilustrado a Europa, volarán a Colombia libre que las convidará con un asilo.Tales son, señor, las observaciones y pensamientos que tengo el honor de someter a usted para que los rectifique o deseche según su mérito; suplicándole se persuada que me he atrevido a exponerlos, más por no ser descortés, que porque me crea capaz de ilustrar a usted en la materia”.

Por último destaca que lo más importante en un lucha de libertad es la unión, que por más que haya buena intención sino hay perseverancia y concientización además de compañerismo no se logran los objetivos, no sólo es querer con fervor sino hacerlo con convicción y enfrentar lo que se presente de acuerdo al grado de importancia y significación que tengan en el momento que sea.

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